El 8 de abril no pasa desapercibido para la comunidad gitana de Sampués. Mientras el resto de la gente sigue su rutina, ellos hacen una pausa para reunirse, conversar y recordar. No es una fecha cualquiera. Es el día en que traen a la memoria a los suyos, a los que murieron en medio del holocausto nazi, una historia que aún duele, aunque haya pasado el tiempo.

Gerardo Mendoza, quien hoy los representa, habla de ese día sin rodeos. Dice que es importante porque no olvidan de dónde vienen, pero también porque es una excusa para estar juntos. Y así lo hacen: se encuentran, comparten comida y bailan.

Preparan lo suyo, lo que han hecho siempre: sabiaco, cerdo y otros platos que, más que recetas, son parte de su identidad. Todo gira alrededor de la familia, porque ahí es donde realmente está el centro de su vida.

Sampués ya es parte de esa historia. Llegaron hace casi 60 años y se quedaron. Aquí han crecido, han formado hogar, han visto nacer a sus hijos y ahora también a sus nietos. Muchos ya tienen vivienda propia y otros siguen en ese proceso.

“Nos ha ido bien”, dice Mendoza, aunque reconoce que el camino no ha sido del todo fácil.

El día a día es sencillo, pero exigente. Aquí nadie está esperando que le den trabajo. Salen a rebuscarse lo suyo, a vender lo que producen con sus manos: sillas de caballo, calzado, mercancía que forma parte de su tradición. Si no salen, no entra nada a la casa. Así funcionan.

También tienen su manera de resolver las cosas. No todo pasa por oficinas o instituciones. Cuando hay un problema, se sientan, hablan y los mayores toman decisiones. Es su ley, su forma de mantener el orden sin perder lo que los hace distintos.

Hablan su idioma entre ellos: el romaní. Y aunque hoy hay más respeto que antes, no todo está superado. A veces, cuando conversan en su lengua, todavía hay quienes se burlan o los miran distinto. Ellos lo saben, pero no se detienen en eso. Siguen hablando, siguen siendo quienes son.

Con los años, algunas cosas han cambiado. Los jóvenes ya no solo siguen el camino de sus padres; muchos están estudiando, algunos ya son profesionales. Es otra forma de salir adelante, sin dejar atrás sus raíces.

No todo es positivo. Hay cosas que les preocupan. Sienten que desde el Gobierno, sobre todo a nivel nacional y departamental, no siempre les prestan atención. Hablan de abandono, de procesos que no avanzan. Aun así, destacan que a nivel local han encontrado más respaldo.

A quienes todavía no saben que en Sampués hay una comunidad gitana, la respuesta es simple: siempre han estado ahí. No son nuevos. Son parte del municipio desde hace décadas.

Y cuando se le pregunta a Mendoza por el futuro, no duda. Dice que el pueblo gitano no va a desaparecer. Que pueden cambiar los tiempos, los lugares, las formas de vida, pero ellos van a seguir existiendo.

En Sampués, por lo pronto, siguen ahí. Viviendo a su manera, entre memoria, tradición, trabajo… y aprendiendo también a hacerse respetar.

 

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